Hay algunos sábados en los que me despierto y parece que me falta algo. Es como si algo o alguien me hubiese dejado y no volviese a tenerlo más, pero con la esperanza en el fondo y los nervios que te produce el pensar en la posibilidad de tenerlo de nuevo.
Me he dado cuenta de que aún conservo la ilusión y que es como un "presentimiento de a la larga" en el que no confío mucho. Es un presentimiento de algo que sé que no va a ocurrir, pero que hace que aún así, siempre quede la esperanza.
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