jueves, 28 de noviembre de 2013

Potestades

No Irene, ahora no es el momento de escribir. Pero cada vez que a Irene algo se le descontrola, ya sea para bien o para mal, el flujo de palabras posee sus manos.

Sí, me pregunto yo qué manía de analizarlo todo tiene el ser humano, qué manía de buscar siempre una razón de ser.
Cuántas veces habré deseado ser la escritora de mi propia historia, o que en sueños se me apareciese el escritor para explicarme por qué suceden las cosas. Está siempre ese azar o libre albedrío y nuestra incapacidad de omnipresencia en el resto de seres.

Únicamente eres un dios en el arte, y a veces ni siquiera eso, a veces te posee el arte a ti. Cuando se escribe una novela o un guión, cuando se hace una película o una obra de teatro, es el artista el que conoce las claves de la existencia de absolutamente todo. Solamente frente a una historia creada podemos tener la certeza de que todo ocurre por una razón. El creador, bajo la necesidad de dominancia, es el manipulador absoluto, la existencia de la obra no carece de sentido.

Y es que, ¿de qué eres verdaderamente dueño si no es de una historia creada por ti? De ahí más de un mentiroso, débil por naturaleza, abusando del poder de crear sólo por sentirse más poderoso.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Esta grabación se autodestruirá

Soy consciente desde hace mucho tiempo de que cuando estamos con nosotros mismos los pensamientos se desarrollan y fluyen libremente, sin encontrar límites, a no ser que los autoimpongas. Salir a pasear y advertir que la cadena de ideas va adoptando el ritmo de tus pasos. El problema aparece cuando se llega al destino y volvemos a integrarnos en la acción, haciendo olvidar lo que habíamos concluido anteriormente. Afinando esto, podría decir que nos quedamos con lo esencial, pero no con la manera de escribirlo mentalmente. Suena estúpido, ¿qué importará la forma? A veces más de lo que creemos.

Expresar en alto lo que va ocurriendo por nuestra cabeza hace que el río de pensamientos encuentre algunas piedras que le dificulten fluir. Quizás es porque cuando cavilamos no ponemos del todo en pie lo que surge. No le damos un significado a cada concepto ni un concepto a cada pensamiento.

El acto de comunicar, bien sea hablado o escrito, hace más reales nuestras sensaciones. Antes eran abstractas nebulosas inconmensurables, generales aunque las sintamos muy específicas. Este sentimiento de especificidad de los pensamientos a veces es realmente difícil de convertir en palabra.

Por eso, el lenguaje es jodidamente necesario a la vez que jodidamente limitador.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Prepotencia embaucadora

Llegados a un punto, el placer de saber por saber se convierte en un hedonismo prepotente. Teniendo en cuenta todo lo que te puede hacer experimentar un libro, película o canción, a veces es mejor pasar el tiempo con ellos que con determinadas personas. Reflexionamos, disfrutamos de nuestra soledad, nos paramos frente al mundo. El problema reside en que mientras estamos delante de esa pantalla la vida está pasando. Qué narices, la vida está corriendo y lleva de la mano a miles de personas, sentimientos, puntos de vista y formas de afrontarla.
Prefiero empaparme de experiencias a curtirme de saberes. Hay momentos en los que por mi cabeza aparece la delirante idea de optar antes por que un duro golpe aseste mi vida y sienta dolor a tener altos conocimientos sobre distintos ámbitos culturales e ir deshumanizándome.
Mejor no lo digo muy alto.

"La banalidad de nuestra vida se confunde con la banalidad de gran parte de la cultura y el mundo que nos rodea. Viajamos sin descanso, acudimos a museos y exposiciones, leemos libros que compramos precipitadamente en las librerías de aeropuertos, estaciones y grandes almacenes, para abandonar al momento en cualquier rincón, asistimos a grandes eventos deportivos, pero nada de esto tiene el poder de cambiarnos. [...] Lejos de los magnos eventos, de los congresos anunciados a bombo y platillo, de las inauguraciones llenas de autoridades somnolientas y de los tristes manuales de autoayuda, la verdadera cultura es algo tan simple como preguntarse qué oculta el corazón de una niña de 13 años."
Gustavo Martín Garzo

domingo, 10 de noviembre de 2013

Primeras líneas

Siempre buscando un punto de equilibrio, quejándome de los altibajos de mi vida que el resto y yo misma provocábamos. Contigo descubrí que no me gustan los puntos medios. Y no precisamente porque fueras un extremo. Eras un medias tintas, continuamente haciéndome dudar del motor de tus actos: ¿apatía o miedo? Pero lo más desconcertante era verme reflejada en ti y descubrir los sentimientos que he podido despertar de la forma más inocente. ¿Era lo tuyo realmente no intencionado? Dudo bastante de ello. Ahí estaba nuestra diferencia.
Hasta tal punto llegó mi inocencia que trataba de convencerme, sí, tú simplemente reprimías tus deseos por pura cobardía, sin percatarme de que quizás esa he sido yo siempre. Y digo quizás porque aún no sé de dónde provienen muchas de mis reacciones, si de la apatía o del miedo. He llegado a la conclusión de que se mezclan. ¿Dónde está la apatía cuando eres un niño? La apatía es un sentimiento adaptativo: sientes, te dañan, sufres y decides forzarte a dejar de sufrir ¿cómo? –pensaste- fácil, dejando de sentir. No tan fácil al principio, sabes que no admites tus sentimientos por mero orgullo, sin embargo en el fondo de tu ser conoces cómo te sientes al respecto. Es un juego peligroso: al comenzar puede llegar a ser eficaz, pero seguir apostando por ella hace que termine formando parte de ti. Antes podías decidir que apareciese y se quedase en la superficie, cubriendo la bola de fuertes sentimientos, buenos aunque dolorosos en potencia. Ahora aparece sin que la llames, y te hace preguntarte si de verdad eres capaz de no sentir.


Me disfrazo de ti 
Te disfrazas de mí 
Y jugamos a ser humanos 
en esta habitación gris 

Muerdo el agua por ti 
Te deslizas por mí 
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir

Nuestra incómoda postura 
se dilató en el espacio 
‘Con las ganas’ Zahara