miércoles, 30 de julio de 2014

Partida desde la inocencia

En este viaje
no quiero enamorarme de un hombre,
quiero enamorarme de un país,
quiero enamorarme de las personas que sufren.

En este viaje
quiero pasármelo bien
y llorar hasta vaciarme,
llorar porque soy capaz de sentir la vida.

En este viaje
no quiero enamorarme de un hombre,
y llorar hasta vaciarme,
quiero enamorarme de las personas que sufren.

En este viaje
quiero pasármelo bien,
quiero enamorarme de un país,
llorar porque soy capaz de sentir la vida.

«
Quiero»«quiero»«quiero», no quiero querer nada.

miércoles, 25 de junio de 2014

Être

Debe de haber un lugar cuando dejamos de existir, en el que nada pesa ya.
Un lugar blandito y cálido.
Creo que todos tendemos a ansiar refugiarnos en él cuando la realidad nos abruma tanto que quisiéramos no estar.

Todos, deseamos volver al protector y confortable útero materno.




martes, 10 de junio de 2014

Lo absurdo

“- Recuerdo que de pequeña te gustaba salir sola. Siempre te perdías. Eres una chica a la que le gusta perderse –decía.
Sentada en la mecedora frente a él, fumaba.
- Sí, aún me pierdo con frecuencia.
- A decir verdad, te gusta el peligro, te gustan los milagros. Nada de eso es un defecto de vida o muerte, pero muchas cosas no son tan fáciles como tú las imaginas. A los ojos de tus padres, tú siempre serás una niña inocente…”
Shanghai Baby, Wei Hui


Me senté en un banco que estaba a la sombra.
Empecé a fumar un cigarro tras otro mientras lloraba como una niña pequeña que no puede dormir porque cree que hay un monstruo debajo de su cama.
Estaba rodeada de pinturas de niñatos y parejas.
Y sola. Completamente sola frente a la solana del medio día.
Me abrazaba al lápiz.

Y después: nada. 

viernes, 23 de mayo de 2014

La vida de los otros

Ya comienza a pasar aquello de los trocitos que se desprenden y se clavan levemente como agujas de cristal, que tiran hacia abajo desde la garganta.

Y no me dejan pensar, porque son trocitos de puta irracionalidad. 

domingo, 18 de mayo de 2014

Brisa

¿Qué me das, Portugal?
¿Qué tiene tu aire, que me deja respirar?





sábado, 3 de mayo de 2014

Ella

Me apretó tan fuerte contra sí que me clavó el pico de sus caderas. Y qué dolor tan exquisito. 
El contacto. La ternura. La intensidad. El cariño [El roce]. La comprensión incomprendida [La incomprensión comprendida]. Las ganas [Y la falta de ellas]. La intimidad [El misterio]. La mentira [Por la autenticidad].


El tiempo [El deterioro]. El olvido [La falta de voluntad]. El miedo [La apatía]. La soledad [La libertad].

domingo, 2 de marzo de 2014

Síntomas

En mi vida hay dos tipos de dolor: sobre el que escribo, y sobre el que no.
Cuando parte de lo incontrolable, desgaja algo mío de forma inevitable, no puedo escribir sobre él.
Para mí, escribir es recrearme en una situación, regocijarme en las condiciones. Creo que si escribiese cuando sufro esas dolencias, si me lo repitiese y recordase, no podría continuar, me estancaría.
Quizás me equivoco. Quizás es un dolor tan primitivo que no encuentro la manera de ponerle palabras.
A lo mejor no quiero que pese en el tiempo porque ya pesa suficiente en mí. ¿Para qué escribirlo en un papel si siempre lo recordaré? Quitémosle peso no escribiéndolo.
Sin embargo, el dolor que por ser menor no deja de serlo, es el inspirador. Me gusta regocijarme en él aunque prefiriese no sentirlo. Sobre él puedo escribir mil veces, recordar otras mil e incluso inventarme y sumarle. Hasta podría caer en un sadomasoquismo discreto.

De ambos tipos aprendo. El caso es, que del que más aprendo, es sobre el que no le pongo palabras. Y me pregunto qué ocurriría si se las pusiese. 

domingo, 26 de enero de 2014

Pesos leves

Que alguien me explique por qué pesan tanto los sentimientos. Es más fácil traicionar a los pensamientos.Ocurre que los pensamientos te provocan sentimientos, y no reparamos en que quizás el pensamiento proviene de un sentimiento. A lo mejor de una sensación, menos evidente, que después crece y se sumerge hasta que te hace sentir a partir del pensamiento. El pensamiento consciente.
Caemos siempre en modificar nuestros pensamientos para que se adapten a nuestro comportamiento, y no viceversa.
¿Cómo nos traicionamos verdaderamente a nosotros mismos? ¿Cambiando el pensamiento, o el sentimiento? 

lunes, 13 de enero de 2014

De la inutilidad de las palabras

Es una etapa de cierre de etapas, de desprenderme de lo inútil, del lastre, de lo que cuelga y lo único que hace es pesarme.
Siempre es duro afrontar el cambio, y más cuando en él hay decepciones. Me gustaría ser real, auténtica y valiente aunque ello conlleve tristeza.

Imagino como si dentro de mí hubiese una bola de magma, como si yo fuese un volcán. Imagino un magma latente, a altísima temperatura. 
En ocasiones se solidifica. Se me puede atragantar, lo mismo me pesa en el estómago, hay veces que se descompone en pequeñas rocas. 
Algún que otro estímulo, interno o externo, puede provocar que recobre su fuerza, su energía. 
Cuando me hacen hablar sobre la bola de magma que llevo dentro, comienzo a echar lava por la boca. Entonces esa lava me abrasa la garganta, arranca mi piel más vulnerable, la piel interna. Me deja la garganta en carne viva.
Lo mejor de todo es cuando se expulsa la lava, sí que se vuelve polvo de verdad. Polvo que con sólo un soplo, se esfuma. 

Solamente quemo mi garganta para que la bola de magma deje de ser tan pesada, no porque espere que la lava vaya a arrasar el terreno. Ya está ella preparada para caer tranquila e impasible por la ladera del volcán.


Escribo porque me desprendo de lo que digo. Es mierda que arrojo, que me deja desahogarme. A lo mejor si la deposito en el espacio infinito de Internet se pierde y no vuelve. ¿¡Qué más da!? ¡Lo único que quiero es no ver esa mierda nunca más! 

miércoles, 8 de enero de 2014

Grito de guerra pacífica

Pocas cosas tengo claras, y una de ellas es que tengo 19 años y pretendo no caer en lo que bajo mi percepción, considero errores estructurales de la anterior generación.

Me gustaría, aún sin hacer algo grande, profesar una generación más libre, más suya, menos profanada por los valores incrustados de la tradición, inculcados e incuestionables. Unos valores que nos hacen juzgar, nos ponen barreras en el camino que llegamos a vislumbrar, nos atan los pies y nos recortan la mente. Unas creencias irracionales que intentan parecer lógicas, todo el mundo las cree, sin darse si quiera cuenta de ello.

Vosotros me queréis crear, no queréis dejar que yo me cree.
Todas vuestras expectativas y miedos están proyectados en mí. Si ya es algo 
frustante de por sí, fuesen éstas de la naturaleza que fuesen, sumadle lo arraigado que está a la sociedad. 
Lo que vosotros llamáis 'práctico' es lo único que importa, la idolatría a un pragmatismo que si bien os fijáis es totalmente relativo. Una experiencia vital puede ser incluso más 'útil' que un título que otorgue mucho prestigio. 
Seguir participando en un círculo que lleva a una estructura, unas bases, que sabéis de más está obsoleta. Lo tenéis comprobado, si se carga vuestras propias vidas. Una sociedad que ciega a pesar de que asesine. Es como si fuésemos víctimas del síndrome de Estocolmo: una persona retenida en contra de su voluntad verdadera, termina vinculándose de tal modo a su secuestrador, que no quiere separarse de él. Lo necesita, o al menos eso cree, para vivir, su secuestrador le protege. 
¿Es eso lo que queréis?

jueves, 2 de enero de 2014

De carne y hueso

Uno debe sentir el placer por el mero hecho de desnudarse, tanto en compañía como sin ella. Con esto no quiero decir que hable de iguales placeres.
Si alguien no es capaz de estar completamente desnudo frente a otro, imagínense su desnudo emocional.
Podríais pensar que no hay ninguna relación, pero alma y cuerpo están estrechamente ligados, por no determinar que son la única y exclusiva misma cosa.

Una vez dije que viajar era ser un poquito más libre. Desnudarse también es ser un poquito más libre.