No quedan días de verano
lunes, 26 de abril de 2010
Los helados son fríos, pero se derriten.
El sol bañaba mi piel dándole un cálido color tostado.
La arena se colaba entre los dedos de mis pies.
El frío mar recorría mi cuerpo.
Las olas me balanceaban.
La brisa me susurraba al oído.
Olía a sal.
Te llevaría allí.
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