Tengo algo que me oprime la garganta, que no me deja respirar. Serán todos los cigarrillos fumados, podría pensar. Pero las caladas inhaladas han sido por cada palabra que no ha valido la pena decir.
Cuando mi voz pueda resultar, aunque sea para causar contrariedad y no pasividad, volveré a hablar.
Cuando las palabras puedan cambiar, volverá a cobrar sentido la humanidad.
Cuando mi voz pueda resultar, aunque sea para causar contrariedad y no pasividad, volveré a hablar.
Cuando las palabras puedan cambiar, volverá a cobrar sentido la humanidad.