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sábado, 14 de septiembre de 2013

Voto de silencio

Tengo algo que me oprime la garganta, que no me deja respirar. Serán todos los cigarrillos fumados, podría pensar. Pero las caladas inhaladas han sido por cada palabra que no ha valido la pena decir.
Cuando mi voz pueda resultar, aunque sea para causar contrariedad y no pasividad, volveré a hablar.
Cuando las palabras puedan cambiar, volverá a cobrar sentido la humanidad. 

jueves, 27 de junio de 2013

Cubículos

No sé cómo hay personas que pueden vivir tranquilas con las decisiones que van determinando su vida. Quizás lo único que le aporten sea eso, tranquilidad. Van formando una existencia lánguida, pálida e insulsa. Un vida rutinaria, desprovista de emociones y altos sueños, que si alguna vez aparecen no provienen de algo nuevo, si no de algo viejo, haraposo y podrido.
Colaboran en seguir en ese círculo que no contiene ni una pizca de aire fresco.

Y lo peor es que a veces parte de tu vida depende de esas personas. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Life on Mars

Y comenzó a sumergirse lentamente en el agua. Ya estaba un poco fría, llevaba un buen rato ahí, pero no le importaba, le encantaba estar en su bañera. Desde dentro escuchaba la música que reproducía su equipo, se tornaba un poco psicodélica con el agua en los oídos. Entonces en la cabeza de Luisa empezaron a surgir imágenes… su reflejo difuminado en el poso del té, luego su reflejo cóncavo en la cuchara del té, luego su reflejo alargado en el palo de la cuchara del té, y poco a poco se iba elevando y flotando. Flotaba por un no – espacio, no había oscuridad ni luz en su cabeza, tampoco habitaciones, construcciones, ciudades, naturaleza. Pero espera, vislumbraba a lo lejos algo: una casita blanca, vieja, áspera, de repente ya estaba en ella. 

Comenzó a emerger lentamente del agua. Deseaba abrir la puerta del baño y encontrar una casa totalmente distinta, ¿una casa? o un bosque, una playa, una ciudad, algo diferente. De mucha menos importancia era que apareciese allí desnuda con una toalla por encima, desde luego, si eso ocurría, se le olvidaría completamente, de hecho bailaría y saltaría hasta el punto que se le cayese. Luisa siempre se repetía, ¿ por qué no podemos teletransportarnos? Sería genial aparecer donde nos apeteciese, prácticamente eliminaríamos las barreras del tiempo y del espacio, ésas que nos encierran, esos muros que nos rodean y hacen que tengamos sensación de claustrofobia, que no puedas respirar, te agobies, y encima, no puedas luchar contra ellos porque estás demasiado cansada o porque no te da tiempo. ¿Otra vez? ¿Tiempo? De nuevo encerrada por los muros.