Mostrando entradas con la etiqueta MIEDO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MIEDO. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de junio de 2014

Lo absurdo

“- Recuerdo que de pequeña te gustaba salir sola. Siempre te perdías. Eres una chica a la que le gusta perderse –decía.
Sentada en la mecedora frente a él, fumaba.
- Sí, aún me pierdo con frecuencia.
- A decir verdad, te gusta el peligro, te gustan los milagros. Nada de eso es un defecto de vida o muerte, pero muchas cosas no son tan fáciles como tú las imaginas. A los ojos de tus padres, tú siempre serás una niña inocente…”
Shanghai Baby, Wei Hui


Me senté en un banco que estaba a la sombra.
Empecé a fumar un cigarro tras otro mientras lloraba como una niña pequeña que no puede dormir porque cree que hay un monstruo debajo de su cama.
Estaba rodeada de pinturas de niñatos y parejas.
Y sola. Completamente sola frente a la solana del medio día.
Me abrazaba al lápiz.

Y después: nada. 

martes, 17 de diciembre de 2013

De aquí y de allá

El drama, la tragedia, se me antoja como comedia.

Las bases fuertes en las que antes te apoyabas se desmoronan, porque en realidad eran débiles. Es algo que ocurre de una manera progresiva, pero pilla de sopetón, que no sorpresa. El gigante de la realidad me desborda y 'estoy' pequeña frente a él, él mismo me ha ido reduciendo. Maldices creer en las cosas porque éstas después se las arreglan para que no creas en ellas. Lo que actualmente me pesa son aspectos contra los que, en mis épocas de soñadora, quise pensar que podía hacer algo por cambiarlas. ¿Es esto crecer?
Ya no sé qué percepción aplicarle a la realidad para sentirme diferente frente a ella.

Más de una vez he pensado que hay dos tipos de persona, las que tienen miedo a algo que les hace sentirse mal e intentan aplazar el momento del enfrentamiento lo máximo posible y las que sólo quieren que llegue ya el desafío, aunque no le den a las cosas el tiempo que necesitan. Siempre he pertenecido al segundo grupo. Imaginando que el problema es un tiburón y yo estoy en una barca en el mar, primero vería su aleta e intuiría lo que no puedo ver. Sólo intuir, el miedo y otros factores ponen en duda si lo que realmente hay bajo el agua se trata de un tiburón o no, por muy evidente que sea. El animal va acechando y la tensión aumentando, y es en ese momento cuando lo que deseo es que ataque, para saber qué es, cómo me siento y qué puedo hacer en esa situación.

Si hay dos lugares en el mundo en los que me martirizaría vivir serían en la incertidumbre y en la apatía. No digo un tercero, que sería el miedo, porque es ya como un hogar. Al menos el miedo presenta una finalidad adaptativa, puede prevenir el sufrimiento.
¿Qué consigue la incertidumbre? Sin saber qué camino escoger, hacia dónde mirar, como un ciego, dando el paso a tientas, sobre suelo fangoso, inestable, a veces incluso irreal.

Tengo miedo de enorgullecer, sorprender, preocupar, mucho miedo de preocupar. Y tengo miedo de molestar, aburrir y asustar. Como se puede comprobar, no tengo miedo de escribir.

Ante todo decir que no tener fuerzas no significa no ser fuerte y que tener miedo no significa ser cobarde.

Lo peor son los despertares, es como un eterno retorno del enfrentamiento con la realidad.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Primeras líneas

Siempre buscando un punto de equilibrio, quejándome de los altibajos de mi vida que el resto y yo misma provocábamos. Contigo descubrí que no me gustan los puntos medios. Y no precisamente porque fueras un extremo. Eras un medias tintas, continuamente haciéndome dudar del motor de tus actos: ¿apatía o miedo? Pero lo más desconcertante era verme reflejada en ti y descubrir los sentimientos que he podido despertar de la forma más inocente. ¿Era lo tuyo realmente no intencionado? Dudo bastante de ello. Ahí estaba nuestra diferencia.
Hasta tal punto llegó mi inocencia que trataba de convencerme, sí, tú simplemente reprimías tus deseos por pura cobardía, sin percatarme de que quizás esa he sido yo siempre. Y digo quizás porque aún no sé de dónde provienen muchas de mis reacciones, si de la apatía o del miedo. He llegado a la conclusión de que se mezclan. ¿Dónde está la apatía cuando eres un niño? La apatía es un sentimiento adaptativo: sientes, te dañan, sufres y decides forzarte a dejar de sufrir ¿cómo? –pensaste- fácil, dejando de sentir. No tan fácil al principio, sabes que no admites tus sentimientos por mero orgullo, sin embargo en el fondo de tu ser conoces cómo te sientes al respecto. Es un juego peligroso: al comenzar puede llegar a ser eficaz, pero seguir apostando por ella hace que termine formando parte de ti. Antes podías decidir que apareciese y se quedase en la superficie, cubriendo la bola de fuertes sentimientos, buenos aunque dolorosos en potencia. Ahora aparece sin que la llames, y te hace preguntarte si de verdad eres capaz de no sentir.


Me disfrazo de ti 
Te disfrazas de mí 
Y jugamos a ser humanos 
en esta habitación gris 

Muerdo el agua por ti 
Te deslizas por mí 
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir

Nuestra incómoda postura 
se dilató en el espacio 
‘Con las ganas’ Zahara

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Tengo miedo

Tengo miedo de quedarme sola, de no poder olvidarte, de que me decepciones, de elegir, de perder, de desconfiar, de confiar, de pensar, tengo miedo de mis presentimientos, de mis ideas paranoicas, tengo miedo de darte más de lo que vaya a recibir, de que no me eches de menos, de que te olvides de mi, de que me mientas, tengo miedo de la distancia, tengo miedo del tiempo.