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viernes, 27 de diciembre de 2013

Cuando fui una escritora madurita

"Nunca me ha entretenido demasiado escribir sobre mí, es decir, sobre hechos concretos que han sucedido en mi vida o sobre cómo soy y es la gente que me rodea; total, lo que escribiese ya lo sabría. Siempre me he inclinado más por el alrededor, los pensamientos y sensaciones, las suposiciones, sobre la vida, no la mía en exclusiva.

Decidí escribir un libro, pero porque mi historia es una historia que me gustaría escuchar, así que las razones son varias. Desde luego, ninguna relacionada con esa que dicen de 'en la vida hay que escribir un libro, plantar un árbol y no sé qué mariconada más', aunque tampoco estaría mal, por el rollo novedoso y eso.

He de decir que es mi relato, así todo lo que cuento es real, ya que sale de mí. Con ello no me refiero a que si hubiese habido un narrador omnipresente lo hubiese escrito así, para nada. Recuerdo que lo escribo yo, desde mi recuerdo y mi cabeza, real no quiere decir que ocurriese." 

sábado, 14 de diciembre de 2013

Conversaciones que nunca existieron

Qué más da que lo que escriba no sea cierto, si pertenece a mi fantasía, pertenece a mi vida y sobretodo pertenece a mí.

Siempre señalar que todo parte de algo real. No creo que las cosas salgan de la nada. Dejando a un lado cuestiones meta
físicas, en lo más banal hay causas.En un acto hay una causa, en una palabra, en una idea o pensamiento hay una causa. No hablo de que en una casualidad haya una razón, puedes buscarla si quieres, no hablo de eso.

Lo que escribo tiene un 
fundamento y aunque me ponga muchas veces en una situación hipotética, puede ocurrir. Cuando ocurra podré leer lo que pasó en ese momento por mi cabeza y darme cuenta de hasta dónde afiné. Y si resulta que estaba equivocada, al menos habré sacado un texto de ello. En mis páginas se queda, esas palabras siempre dirán algo. Quizás sólo me lo digan a mí, o a las personas contadas que curiosean mi diario; y si está publicada a algún que otro desconocido, desde luego eso es lo que menos me importa. 

lunes, 14 de octubre de 2013

Secuencia de atardeceres

De vez en cuando escribo, y algunas veces, sobre ti. Y algunas veces sobre otros. Y otras sobre nada. Superar algo no significa dejar de escribirle. Que una situación no suceda en tu vida, ni si quiera la sientas, tampoco significa no escribirla. El mundo de la escritura es tan amplio y real como inexistente y ficticio.
Por qué no escribirte otra vez si para mí nuestro momento fue poético. Aunque se alargase, aunque terminase, aunque el fin no me gustase. Tú eres poético.

Todos deberíais saber que su piel estaba ligeramente bronceada, sus ojos eran cristalinos como el mar al medio día, su cabello arena dorada y de él pendía una piedra color ámbar. Él era el sol.
Y ella. Su piel era como la arena en la noche, sus ojos eran profundos, sus cabellos acantilados y de su cuello colgaba una piedra color azabache. Ella era la luna.
Nos conocimos en un atardecer, y hasta que te fuiste, todos los pasamos juntos.
Ya sabéis dónde se metían cuando el cielo era de nadie, tras la puesta.

Después, la luz del sol dejó de calentar la sangre de la luna y se volvió tibia.

No la volvieron a eclipsar. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Life on Mars

Y comenzó a sumergirse lentamente en el agua. Ya estaba un poco fría, llevaba un buen rato ahí, pero no le importaba, le encantaba estar en su bañera. Desde dentro escuchaba la música que reproducía su equipo, se tornaba un poco psicodélica con el agua en los oídos. Entonces en la cabeza de Luisa empezaron a surgir imágenes… su reflejo difuminado en el poso del té, luego su reflejo cóncavo en la cuchara del té, luego su reflejo alargado en el palo de la cuchara del té, y poco a poco se iba elevando y flotando. Flotaba por un no – espacio, no había oscuridad ni luz en su cabeza, tampoco habitaciones, construcciones, ciudades, naturaleza. Pero espera, vislumbraba a lo lejos algo: una casita blanca, vieja, áspera, de repente ya estaba en ella. 

Comenzó a emerger lentamente del agua. Deseaba abrir la puerta del baño y encontrar una casa totalmente distinta, ¿una casa? o un bosque, una playa, una ciudad, algo diferente. De mucha menos importancia era que apareciese allí desnuda con una toalla por encima, desde luego, si eso ocurría, se le olvidaría completamente, de hecho bailaría y saltaría hasta el punto que se le cayese. Luisa siempre se repetía, ¿ por qué no podemos teletransportarnos? Sería genial aparecer donde nos apeteciese, prácticamente eliminaríamos las barreras del tiempo y del espacio, ésas que nos encierran, esos muros que nos rodean y hacen que tengamos sensación de claustrofobia, que no puedas respirar, te agobies, y encima, no puedas luchar contra ellos porque estás demasiado cansada o porque no te da tiempo. ¿Otra vez? ¿Tiempo? De nuevo encerrada por los muros.