viernes, 23 de mayo de 2014

La vida de los otros

Ya comienza a pasar aquello de los trocitos que se desprenden y se clavan levemente como agujas de cristal, que tiran hacia abajo desde la garganta.

Y no me dejan pensar, porque son trocitos de puta irracionalidad. 

domingo, 18 de mayo de 2014

Brisa

¿Qué me das, Portugal?
¿Qué tiene tu aire, que me deja respirar?





sábado, 3 de mayo de 2014

Ella

Me apretó tan fuerte contra sí que me clavó el pico de sus caderas. Y qué dolor tan exquisito. 
El contacto. La ternura. La intensidad. El cariño [El roce]. La comprensión incomprendida [La incomprensión comprendida]. Las ganas [Y la falta de ellas]. La intimidad [El misterio]. La mentira [Por la autenticidad].


El tiempo [El deterioro]. El olvido [La falta de voluntad]. El miedo [La apatía]. La soledad [La libertad].

domingo, 2 de marzo de 2014

Síntomas

En mi vida hay dos tipos de dolor: sobre el que escribo, y sobre el que no.
Cuando parte de lo incontrolable, desgaja algo mío de forma inevitable, no puedo escribir sobre él.
Para mí, escribir es recrearme en una situación, regocijarme en las condiciones. Creo que si escribiese cuando sufro esas dolencias, si me lo repitiese y recordase, no podría continuar, me estancaría.
Quizás me equivoco. Quizás es un dolor tan primitivo que no encuentro la manera de ponerle palabras.
A lo mejor no quiero que pese en el tiempo porque ya pesa suficiente en mí. ¿Para qué escribirlo en un papel si siempre lo recordaré? Quitémosle peso no escribiéndolo.
Sin embargo, el dolor que por ser menor no deja de serlo, es el inspirador. Me gusta regocijarme en él aunque prefiriese no sentirlo. Sobre él puedo escribir mil veces, recordar otras mil e incluso inventarme y sumarle. Hasta podría caer en un sadomasoquismo discreto.

De ambos tipos aprendo. El caso es, que del que más aprendo, es sobre el que no le pongo palabras. Y me pregunto qué ocurriría si se las pusiese. 

domingo, 26 de enero de 2014

Pesos leves

Que alguien me explique por qué pesan tanto los sentimientos. Es más fácil traicionar a los pensamientos.Ocurre que los pensamientos te provocan sentimientos, y no reparamos en que quizás el pensamiento proviene de un sentimiento. A lo mejor de una sensación, menos evidente, que después crece y se sumerge hasta que te hace sentir a partir del pensamiento. El pensamiento consciente.
Caemos siempre en modificar nuestros pensamientos para que se adapten a nuestro comportamiento, y no viceversa.
¿Cómo nos traicionamos verdaderamente a nosotros mismos? ¿Cambiando el pensamiento, o el sentimiento? 

lunes, 13 de enero de 2014

De la inutilidad de las palabras

Es una etapa de cierre de etapas, de desprenderme de lo inútil, del lastre, de lo que cuelga y lo único que hace es pesarme.
Siempre es duro afrontar el cambio, y más cuando en él hay decepciones. Me gustaría ser real, auténtica y valiente aunque ello conlleve tristeza.

Imagino como si dentro de mí hubiese una bola de magma, como si yo fuese un volcán. Imagino un magma latente, a altísima temperatura. 
En ocasiones se solidifica. Se me puede atragantar, lo mismo me pesa en el estómago, hay veces que se descompone en pequeñas rocas. 
Algún que otro estímulo, interno o externo, puede provocar que recobre su fuerza, su energía. 
Cuando me hacen hablar sobre la bola de magma que llevo dentro, comienzo a echar lava por la boca. Entonces esa lava me abrasa la garganta, arranca mi piel más vulnerable, la piel interna. Me deja la garganta en carne viva.
Lo mejor de todo es cuando se expulsa la lava, sí que se vuelve polvo de verdad. Polvo que con sólo un soplo, se esfuma. 

Solamente quemo mi garganta para que la bola de magma deje de ser tan pesada, no porque espere que la lava vaya a arrasar el terreno. Ya está ella preparada para caer tranquila e impasible por la ladera del volcán.


Escribo porque me desprendo de lo que digo. Es mierda que arrojo, que me deja desahogarme. A lo mejor si la deposito en el espacio infinito de Internet se pierde y no vuelve. ¿¡Qué más da!? ¡Lo único que quiero es no ver esa mierda nunca más!