Mostrando entradas con la etiqueta ESCRIBIR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ESCRIBIR. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de marzo de 2014

Síntomas

En mi vida hay dos tipos de dolor: sobre el que escribo, y sobre el que no.
Cuando parte de lo incontrolable, desgaja algo mío de forma inevitable, no puedo escribir sobre él.
Para mí, escribir es recrearme en una situación, regocijarme en las condiciones. Creo que si escribiese cuando sufro esas dolencias, si me lo repitiese y recordase, no podría continuar, me estancaría.
Quizás me equivoco. Quizás es un dolor tan primitivo que no encuentro la manera de ponerle palabras.
A lo mejor no quiero que pese en el tiempo porque ya pesa suficiente en mí. ¿Para qué escribirlo en un papel si siempre lo recordaré? Quitémosle peso no escribiéndolo.
Sin embargo, el dolor que por ser menor no deja de serlo, es el inspirador. Me gusta regocijarme en él aunque prefiriese no sentirlo. Sobre él puedo escribir mil veces, recordar otras mil e incluso inventarme y sumarle. Hasta podría caer en un sadomasoquismo discreto.

De ambos tipos aprendo. El caso es, que del que más aprendo, es sobre el que no le pongo palabras. Y me pregunto qué ocurriría si se las pusiese. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cuando fui una escritora madurita

"Nunca me ha entretenido demasiado escribir sobre mí, es decir, sobre hechos concretos que han sucedido en mi vida o sobre cómo soy y es la gente que me rodea; total, lo que escribiese ya lo sabría. Siempre me he inclinado más por el alrededor, los pensamientos y sensaciones, las suposiciones, sobre la vida, no la mía en exclusiva.

Decidí escribir un libro, pero porque mi historia es una historia que me gustaría escuchar, así que las razones son varias. Desde luego, ninguna relacionada con esa que dicen de 'en la vida hay que escribir un libro, plantar un árbol y no sé qué mariconada más', aunque tampoco estaría mal, por el rollo novedoso y eso.

He de decir que es mi relato, así todo lo que cuento es real, ya que sale de mí. Con ello no me refiero a que si hubiese habido un narrador omnipresente lo hubiese escrito así, para nada. Recuerdo que lo escribo yo, desde mi recuerdo y mi cabeza, real no quiere decir que ocurriese." 

lunes, 14 de octubre de 2013

Secuencia de atardeceres

De vez en cuando escribo, y algunas veces, sobre ti. Y algunas veces sobre otros. Y otras sobre nada. Superar algo no significa dejar de escribirle. Que una situación no suceda en tu vida, ni si quiera la sientas, tampoco significa no escribirla. El mundo de la escritura es tan amplio y real como inexistente y ficticio.
Por qué no escribirte otra vez si para mí nuestro momento fue poético. Aunque se alargase, aunque terminase, aunque el fin no me gustase. Tú eres poético.

Todos deberíais saber que su piel estaba ligeramente bronceada, sus ojos eran cristalinos como el mar al medio día, su cabello arena dorada y de él pendía una piedra color ámbar. Él era el sol.
Y ella. Su piel era como la arena en la noche, sus ojos eran profundos, sus cabellos acantilados y de su cuello colgaba una piedra color azabache. Ella era la luna.
Nos conocimos en un atardecer, y hasta que te fuiste, todos los pasamos juntos.
Ya sabéis dónde se metían cuando el cielo era de nadie, tras la puesta.

Después, la luz del sol dejó de calentar la sangre de la luna y se volvió tibia.

No la volvieron a eclipsar.