martes, 10 de junio de 2014

Lo absurdo

“- Recuerdo que de pequeña te gustaba salir sola. Siempre te perdías. Eres una chica a la que le gusta perderse –decía.
Sentada en la mecedora frente a él, fumaba.
- Sí, aún me pierdo con frecuencia.
- A decir verdad, te gusta el peligro, te gustan los milagros. Nada de eso es un defecto de vida o muerte, pero muchas cosas no son tan fáciles como tú las imaginas. A los ojos de tus padres, tú siempre serás una niña inocente…”
Shanghai Baby, Wei Hui


Me senté en un banco que estaba a la sombra.
Empecé a fumar un cigarro tras otro mientras lloraba como una niña pequeña que no puede dormir porque cree que hay un monstruo debajo de su cama.
Estaba rodeada de pinturas de niñatos y parejas.
Y sola. Completamente sola frente a la solana del medio día.
Me abrazaba al lápiz.

Y después: nada. 

viernes, 23 de mayo de 2014

La vida de los otros

Ya comienza a pasar aquello de los trocitos que se desprenden y se clavan levemente como agujas de cristal, que tiran hacia abajo desde la garganta.

Y no me dejan pensar, porque son trocitos de puta irracionalidad. 

domingo, 18 de mayo de 2014

Brisa

¿Qué me das, Portugal?
¿Qué tiene tu aire, que me deja respirar?





sábado, 3 de mayo de 2014

Ella

Me apretó tan fuerte contra sí que me clavó el pico de sus caderas. Y qué dolor tan exquisito. 
El contacto. La ternura. La intensidad. El cariño [El roce]. La comprensión incomprendida [La incomprensión comprendida]. Las ganas [Y la falta de ellas]. La intimidad [El misterio]. La mentira [Por la autenticidad].


El tiempo [El deterioro]. El olvido [La falta de voluntad]. El miedo [La apatía]. La soledad [La libertad].

domingo, 2 de marzo de 2014

Síntomas

En mi vida hay dos tipos de dolor: sobre el que escribo, y sobre el que no.
Cuando parte de lo incontrolable, desgaja algo mío de forma inevitable, no puedo escribir sobre él.
Para mí, escribir es recrearme en una situación, regocijarme en las condiciones. Creo que si escribiese cuando sufro esas dolencias, si me lo repitiese y recordase, no podría continuar, me estancaría.
Quizás me equivoco. Quizás es un dolor tan primitivo que no encuentro la manera de ponerle palabras.
A lo mejor no quiero que pese en el tiempo porque ya pesa suficiente en mí. ¿Para qué escribirlo en un papel si siempre lo recordaré? Quitémosle peso no escribiéndolo.
Sin embargo, el dolor que por ser menor no deja de serlo, es el inspirador. Me gusta regocijarme en él aunque prefiriese no sentirlo. Sobre él puedo escribir mil veces, recordar otras mil e incluso inventarme y sumarle. Hasta podría caer en un sadomasoquismo discreto.

De ambos tipos aprendo. El caso es, que del que más aprendo, es sobre el que no le pongo palabras. Y me pregunto qué ocurriría si se las pusiese. 

domingo, 26 de enero de 2014

Pesos leves

Que alguien me explique por qué pesan tanto los sentimientos. Es más fácil traicionar a los pensamientos.Ocurre que los pensamientos te provocan sentimientos, y no reparamos en que quizás el pensamiento proviene de un sentimiento. A lo mejor de una sensación, menos evidente, que después crece y se sumerge hasta que te hace sentir a partir del pensamiento. El pensamiento consciente.
Caemos siempre en modificar nuestros pensamientos para que se adapten a nuestro comportamiento, y no viceversa.
¿Cómo nos traicionamos verdaderamente a nosotros mismos? ¿Cambiando el pensamiento, o el sentimiento?