miércoles, 13 de noviembre de 2013

Prepotencia embaucadora

Llegados a un punto, el placer de saber por saber se convierte en un hedonismo prepotente. Teniendo en cuenta todo lo que te puede hacer experimentar un libro, película o canción, a veces es mejor pasar el tiempo con ellos que con determinadas personas. Reflexionamos, disfrutamos de nuestra soledad, nos paramos frente al mundo. El problema reside en que mientras estamos delante de esa pantalla la vida está pasando. Qué narices, la vida está corriendo y lleva de la mano a miles de personas, sentimientos, puntos de vista y formas de afrontarla.
Prefiero empaparme de experiencias a curtirme de saberes. Hay momentos en los que por mi cabeza aparece la delirante idea de optar antes por que un duro golpe aseste mi vida y sienta dolor a tener altos conocimientos sobre distintos ámbitos culturales e ir deshumanizándome.
Mejor no lo digo muy alto.

"La banalidad de nuestra vida se confunde con la banalidad de gran parte de la cultura y el mundo que nos rodea. Viajamos sin descanso, acudimos a museos y exposiciones, leemos libros que compramos precipitadamente en las librerías de aeropuertos, estaciones y grandes almacenes, para abandonar al momento en cualquier rincón, asistimos a grandes eventos deportivos, pero nada de esto tiene el poder de cambiarnos. [...] Lejos de los magnos eventos, de los congresos anunciados a bombo y platillo, de las inauguraciones llenas de autoridades somnolientas y de los tristes manuales de autoayuda, la verdadera cultura es algo tan simple como preguntarse qué oculta el corazón de una niña de 13 años."
Gustavo Martín Garzo

domingo, 10 de noviembre de 2013

Primeras líneas

Siempre buscando un punto de equilibrio, quejándome de los altibajos de mi vida que el resto y yo misma provocábamos. Contigo descubrí que no me gustan los puntos medios. Y no precisamente porque fueras un extremo. Eras un medias tintas, continuamente haciéndome dudar del motor de tus actos: ¿apatía o miedo? Pero lo más desconcertante era verme reflejada en ti y descubrir los sentimientos que he podido despertar de la forma más inocente. ¿Era lo tuyo realmente no intencionado? Dudo bastante de ello. Ahí estaba nuestra diferencia.
Hasta tal punto llegó mi inocencia que trataba de convencerme, sí, tú simplemente reprimías tus deseos por pura cobardía, sin percatarme de que quizás esa he sido yo siempre. Y digo quizás porque aún no sé de dónde provienen muchas de mis reacciones, si de la apatía o del miedo. He llegado a la conclusión de que se mezclan. ¿Dónde está la apatía cuando eres un niño? La apatía es un sentimiento adaptativo: sientes, te dañan, sufres y decides forzarte a dejar de sufrir ¿cómo? –pensaste- fácil, dejando de sentir. No tan fácil al principio, sabes que no admites tus sentimientos por mero orgullo, sin embargo en el fondo de tu ser conoces cómo te sientes al respecto. Es un juego peligroso: al comenzar puede llegar a ser eficaz, pero seguir apostando por ella hace que termine formando parte de ti. Antes podías decidir que apareciese y se quedase en la superficie, cubriendo la bola de fuertes sentimientos, buenos aunque dolorosos en potencia. Ahora aparece sin que la llames, y te hace preguntarte si de verdad eres capaz de no sentir.


Me disfrazo de ti 
Te disfrazas de mí 
Y jugamos a ser humanos 
en esta habitación gris 

Muerdo el agua por ti 
Te deslizas por mí 
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir

Nuestra incómoda postura 
se dilató en el espacio 
‘Con las ganas’ Zahara

miércoles, 30 de octubre de 2013

Every summer days

Los veranos me moldean, siempre, no hay uno que me deje indiferente.
Es cierto, el tiempo nos moldea siempre también. Pero el verano tiene esa facultad de ser determinante, de dejar huella impresa, de impregnarte. Trae consigo ese aroma cálido, original y fresco que te anima a reinventarte.
Sé que sin ellos sería más pobre, más fría y sobretodo menos libre.
Prometo conservar un frasco con la esencia del verano, aunque éste se contamine por el aire gris de lo cotidiano.

PD: Pobre rutina, siempre criticándola. Si nos pasasen cosas importantes todos los días no nos daría tiempo a asimilarlas. La rutina llega a ser hasta necesaria.

martes, 22 de octubre de 2013

Simplezas

Solemos decir que las cosas son como una moneda porque tienen doble cara. No hay nada dicotómico en esta vida.
Todo es como esas figuras geométricas que nos enseñaban en dibujo técnico y tenían infinitas caras. Nunca conseguías verlas todas de una misma sentada, desde una misma perspectiva. Para mí era imposible visualizarlas en mi mente, y mucho más montarlas, paso a paso.
Las personas, situaciones, vicios, lugares, experiencias, relaciones, no tienen dos lados como la moneda, esos son sólo los dos extremos de un gradiente.
Nada es únicamente malo, y sobretodo, nada es exclusivamente bueno. 

lunes, 14 de octubre de 2013

Secuencia de atardeceres

De vez en cuando escribo, y algunas veces, sobre ti. Y algunas veces sobre otros. Y otras sobre nada. Superar algo no significa dejar de escribirle. Que una situación no suceda en tu vida, ni si quiera la sientas, tampoco significa no escribirla. El mundo de la escritura es tan amplio y real como inexistente y ficticio.
Por qué no escribirte otra vez si para mí nuestro momento fue poético. Aunque se alargase, aunque terminase, aunque el fin no me gustase. Tú eres poético.

Todos deberíais saber que su piel estaba ligeramente bronceada, sus ojos eran cristalinos como el mar al medio día, su cabello arena dorada y de él pendía una piedra color ámbar. Él era el sol.
Y ella. Su piel era como la arena en la noche, sus ojos eran profundos, sus cabellos acantilados y de su cuello colgaba una piedra color azabache. Ella era la luna.
Nos conocimos en un atardecer, y hasta que te fuiste, todos los pasamos juntos.
Ya sabéis dónde se metían cuando el cielo era de nadie, tras la puesta.

Después, la luz del sol dejó de calentar la sangre de la luna y se volvió tibia.

No la volvieron a eclipsar. 

Telas de parches vs Telas lisas

No somos quién para decidir si los actos o decisiones del resto son "lo mejor" o "bueno" para ellos, ni si quiera en lo que a nosotros mismos se refiere. Por eso, a veces veo tan necesaria la figura de Dios. No la de un Dios doctrinario con pautas rígidas a partir del cual dirigir tu vida, sino un Dios al que rezar para sentir que es quien la lleva. Aunque realmente seamos nosotros, al menos no lo creeremos y no caeremos en tomar nuestras propias determinaciones desde distintas fuentes, formando telas de parches. Terminaríamos obrando desde solo una fuente que parece ser pura, profunda, detenida, dinámica, conocida, interior y en cierto modo universal.

"Pero mi propia experiencia me ha convencido de que, dejando a un lado tales terrores e imaginaciones, el sentimiento religioso tiende a desarrollarse a medida que la imaginación y los sentidos son menos excitables, entonces nuestra razón halla menos obstáculos en su camino, se ve menos ofuscada por las lágrimas, los deseos y las distracciones en que solía entretenerse. Ése es el momento en que Dios emerge como detrás de una nube y nuestra alma siente, ve, se vuelve natural e inevitablemente hacia el manantial de toda luz, porque ahora que todo lo que daba al mundo de las sensaciones su vida y su encanto ha empezado a alejarse de nosotros, ahora que la existencia fenoménica ha dejado de apoyarse en impresiones interiores o exteriores, sentimos la necesidad de apoyarnos en algo permanente, en algo que nunca puede fallarnos, en una realidad, en una verdad absoluta e imperecedera. Sí, inevitablemente nos volvemos hacia Dios. Este sentimiento religioso es por naturaleza tan puro, tan delicioso para el alma que lo experimenta, que nos compensa de todas las demás pérdidas."
Un mundo feliz, Aldous Huxley