lunes, 13 de enero de 2014

De la inutilidad de las palabras

Es una etapa de cierre de etapas, de desprenderme de lo inútil, del lastre, de lo que cuelga y lo único que hace es pesarme.
Siempre es duro afrontar el cambio, y más cuando en él hay decepciones. Me gustaría ser real, auténtica y valiente aunque ello conlleve tristeza.

Imagino como si dentro de mí hubiese una bola de magma, como si yo fuese un volcán. Imagino un magma latente, a altísima temperatura. 
En ocasiones se solidifica. Se me puede atragantar, lo mismo me pesa en el estómago, hay veces que se descompone en pequeñas rocas. 
Algún que otro estímulo, interno o externo, puede provocar que recobre su fuerza, su energía. 
Cuando me hacen hablar sobre la bola de magma que llevo dentro, comienzo a echar lava por la boca. Entonces esa lava me abrasa la garganta, arranca mi piel más vulnerable, la piel interna. Me deja la garganta en carne viva.
Lo mejor de todo es cuando se expulsa la lava, sí que se vuelve polvo de verdad. Polvo que con sólo un soplo, se esfuma. 

Solamente quemo mi garganta para que la bola de magma deje de ser tan pesada, no porque espere que la lava vaya a arrasar el terreno. Ya está ella preparada para caer tranquila e impasible por la ladera del volcán.


Escribo porque me desprendo de lo que digo. Es mierda que arrojo, que me deja desahogarme. A lo mejor si la deposito en el espacio infinito de Internet se pierde y no vuelve. ¿¡Qué más da!? ¡Lo único que quiero es no ver esa mierda nunca más! 

miércoles, 8 de enero de 2014

Grito de guerra pacífica

Pocas cosas tengo claras, y una de ellas es que tengo 19 años y pretendo no caer en lo que bajo mi percepción, considero errores estructurales de la anterior generación.

Me gustaría, aún sin hacer algo grande, profesar una generación más libre, más suya, menos profanada por los valores incrustados de la tradición, inculcados e incuestionables. Unos valores que nos hacen juzgar, nos ponen barreras en el camino que llegamos a vislumbrar, nos atan los pies y nos recortan la mente. Unas creencias irracionales que intentan parecer lógicas, todo el mundo las cree, sin darse si quiera cuenta de ello.

Vosotros me queréis crear, no queréis dejar que yo me cree.
Todas vuestras expectativas y miedos están proyectados en mí. Si ya es algo 
frustante de por sí, fuesen éstas de la naturaleza que fuesen, sumadle lo arraigado que está a la sociedad. 
Lo que vosotros llamáis 'práctico' es lo único que importa, la idolatría a un pragmatismo que si bien os fijáis es totalmente relativo. Una experiencia vital puede ser incluso más 'útil' que un título que otorgue mucho prestigio. 
Seguir participando en un círculo que lleva a una estructura, unas bases, que sabéis de más está obsoleta. Lo tenéis comprobado, si se carga vuestras propias vidas. Una sociedad que ciega a pesar de que asesine. Es como si fuésemos víctimas del síndrome de Estocolmo: una persona retenida en contra de su voluntad verdadera, termina vinculándose de tal modo a su secuestrador, que no quiere separarse de él. Lo necesita, o al menos eso cree, para vivir, su secuestrador le protege. 
¿Es eso lo que queréis?

jueves, 2 de enero de 2014

De carne y hueso

Uno debe sentir el placer por el mero hecho de desnudarse, tanto en compañía como sin ella. Con esto no quiero decir que hable de iguales placeres.
Si alguien no es capaz de estar completamente desnudo frente a otro, imagínense su desnudo emocional.
Podríais pensar que no hay ninguna relación, pero alma y cuerpo están estrechamente ligados, por no determinar que son la única y exclusiva misma cosa.

Una vez dije que viajar era ser un poquito más libre. Desnudarse también es ser un poquito más libre.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cuando fui una escritora madurita

"Nunca me ha entretenido demasiado escribir sobre mí, es decir, sobre hechos concretos que han sucedido en mi vida o sobre cómo soy y es la gente que me rodea; total, lo que escribiese ya lo sabría. Siempre me he inclinado más por el alrededor, los pensamientos y sensaciones, las suposiciones, sobre la vida, no la mía en exclusiva.

Decidí escribir un libro, pero porque mi historia es una historia que me gustaría escuchar, así que las razones son varias. Desde luego, ninguna relacionada con esa que dicen de 'en la vida hay que escribir un libro, plantar un árbol y no sé qué mariconada más', aunque tampoco estaría mal, por el rollo novedoso y eso.

He de decir que es mi relato, así todo lo que cuento es real, ya que sale de mí. Con ello no me refiero a que si hubiese habido un narrador omnipresente lo hubiese escrito así, para nada. Recuerdo que lo escribo yo, desde mi recuerdo y mi cabeza, real no quiere decir que ocurriese." 

sábado, 21 de diciembre de 2013

Regalos

Cuando lo aparentemente absurdo es de lo más importante.

Llegué corriendo, huyendo, buscando quién sabe qué, a la cala que nos recomendó aquel chico el verano pasado. La cala a la que no habíamos ido con ellos, la cala en la que nos encontramos con los otros franceses que nos rechazaron.

Miré al mar desde el acantilado.
El mar de Zambujeira: grande, calmado, in
finito, precioso. Zambujeira: importante, significante, perdurable, maestra. Y repentinamente, recordé que todo muere. Mis ojos se llenaron de lágrimas y me invadió una sensación de agradecimiento. Dí las gracias, no sé a qué, no sé a quién. Por todo lo que tengo, todo lo que soy, todo lo que ha muerto y todo lo que morirá. Las gracias por mi vida, mi camino.

No había reparado en que el Ipod seguía sonando, entonces cambió de canción. Apareció una melodía sin letra, totalmente acorde al momento. Curiosa, me dispuse a mirar cuál era. En la pantalla apareció 'Choose your own adventure'.

martes, 17 de diciembre de 2013

De aquí y de allá

El drama, la tragedia, se me antoja como comedia.

Las bases fuertes en las que antes te apoyabas se desmoronan, porque en realidad eran débiles. Es algo que ocurre de una manera progresiva, pero pilla de sopetón, que no sorpresa. El gigante de la realidad me desborda y 'estoy' pequeña frente a él, él mismo me ha ido reduciendo. Maldices creer en las cosas porque éstas después se las arreglan para que no creas en ellas. Lo que actualmente me pesa son aspectos contra los que, en mis épocas de soñadora, quise pensar que podía hacer algo por cambiarlas. ¿Es esto crecer?
Ya no sé qué percepción aplicarle a la realidad para sentirme diferente frente a ella.

Más de una vez he pensado que hay dos tipos de persona, las que tienen miedo a algo que les hace sentirse mal e intentan aplazar el momento del enfrentamiento lo máximo posible y las que sólo quieren que llegue ya el desafío, aunque no le den a las cosas el tiempo que necesitan. Siempre he pertenecido al segundo grupo. Imaginando que el problema es un tiburón y yo estoy en una barca en el mar, primero vería su aleta e intuiría lo que no puedo ver. Sólo intuir, el miedo y otros factores ponen en duda si lo que realmente hay bajo el agua se trata de un tiburón o no, por muy evidente que sea. El animal va acechando y la tensión aumentando, y es en ese momento cuando lo que deseo es que ataque, para saber qué es, cómo me siento y qué puedo hacer en esa situación.

Si hay dos lugares en el mundo en los que me martirizaría vivir serían en la incertidumbre y en la apatía. No digo un tercero, que sería el miedo, porque es ya como un hogar. Al menos el miedo presenta una finalidad adaptativa, puede prevenir el sufrimiento.
¿Qué consigue la incertidumbre? Sin saber qué camino escoger, hacia dónde mirar, como un ciego, dando el paso a tientas, sobre suelo fangoso, inestable, a veces incluso irreal.

Tengo miedo de enorgullecer, sorprender, preocupar, mucho miedo de preocupar. Y tengo miedo de molestar, aburrir y asustar. Como se puede comprobar, no tengo miedo de escribir.

Ante todo decir que no tener fuerzas no significa no ser fuerte y que tener miedo no significa ser cobarde.

Lo peor son los despertares, es como un eterno retorno del enfrentamiento con la realidad.